martes, 5 de julio de 2011

"Juárez y el largo camino a la Justicia"

El jueves 9 de junio Luz María Dávila se encontrará con Javier Sicilia en la
entrada a Ciudad Juárez y le dará la bienvenida; cuando se abracen estarán
fundiendo en una misma fuerza moral una exigencia que será imposible que el país
y la comunidad internacional no escuchen ya: México exige paz con justicia y
dignidad y miles están dispuestos a movilizarse para conseguir ese objetivo. En ese
abrazo también se estarán dando lo que Sicilia ha definido en una carta reciente
dirigida a las víctimas en Juárez, como la primera justicia “que nos arrancaron y nos
debíamos”, la del consuelo. En febrero de 2010 la señora Dávila le dijo a Felipe
Calderón que no era bienvenido y le reclamó haber declarado que sus hijos eran
pandilleros; también exigió justicia, no solamente para los suyos, sino para los hijos
y las hijas de los demás.

Un año después de la masacre de Villas de Salvarcar y como reacción al
asesinato de su propio hijo, Sicilia emprendió el mismo camino que muchas madres
han venido recorriendo desde hace varios años. Él lo sabe y por eso ahora viene a
Juárez. No viene solo, sino abrazado de otras víctimas en la también llamada
caravana del consuelo.
Sicilia ha dicho que viene a Juárez porque es la ciudad más sufrida, porque en
ella se concentra el dolor del país, pero también ha escuchado a las organizaciones y
ciudadanos que le han hecho ver que Juárez es también el lugar en el que se ha
resistido, se ha denunciado y desde donde ha empezado a forjarse la esperanza. Las
palabras y la actitud de Luz María Dávila ilustran los alcances de esa fuerza. “Mil
gracias”, dice Sicilia en otra carta, ésta dirigida a las organizaciones de Chihuahua y
Ciudad Juárez, “ por sus enseñanzas y el ejemplo de dignidad frente a la
irracionalidad de lo inhumano”.

Las organizaciones sociales, los colectivos de arte y la sociedad civil en
general han sido convocados a Juárez con el objetivo de signar un pacto político
entre ciudadanos y a discutir los términos del emplazamiento al Estado. Sin
embargo, hay reticencia y desconfianza entre algunos, y por momentos parece que
mientras el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad intenta consensuar los
contenidos y las formas para emplazar al gobierno, algunos actores se mantienen en
los márgenes, pagan por ver, y se preparan para emplazar a Sicilia, en caso de que,
como lo vaticinan, el poeta termine manipulado o vendiéndose a intereses
inconfesables. Sin embargo, conforme la caravana avanza, ese lamentable
espectáculo tiende a diluirse en la multitud de voces que debaten y procesan
reclamos al interior de lo que Miguel Angel Granados Chapa catalogó en un artículo
reciente como un gran foro móvil.

En contraste a quienes dudan, se escuchan voces como la de Gerardo de la
Torre, escritor y viejo militante comunista, quien le comentó al periodista Emiliano
Ruiz Parra durante la marcha del 8 de mayo: “Nunca me imaginé que vendría a una
marcha por una razón como ésta: para detener una guerra en México. Y menos
encabezado por un poeta católico”. En efecto, este movimiento múltiple y diverso
que paso a paso construye los términos de su horizontalidad ha sido convocado por
un poeta católico que se dirige a las víctimas como “mis hermanas y hermanos en el
dolor y en el amor”, y que las llama a movilizarse diciendo “no nos dejen, como
tampoco nosotros los dejamos. Sólo así podemos volver a recuperar la paz, el amor y
la justicia que nos han arrancado”.
Pero es necesario no perder de vista que se trata de un movimiento
convocado desde el agravio; no olvidemos que el poeta católico es también el padre
de un joven asesinado. Y reconozcamos que ha tenido la entereza y la congruencia
de salir a la calle para exigir justicia, como lo han hecho tantos que han sido
acallados por los altoparlantes del Estado. Desde algunos sectores se ha criticado y
con razón que quienes rodean a Sicilia son hombres y que faltan las mujeres. Es
cierto, pero también es importante hacer notar que el movimiento de Sicilia ha
contribuido a incorporar a los hombres al coro de voces que exige justicia en las
calles. En Juárez han sido principalmente las mujeres quienes han encabezado estos
reclamos ante la constante pregunta ¿dónde están los hombres? También se impone
hacer notar que en el discurso y en el horizonte de este foro en movimiento hay un
reconocimiento del liderazgo de las mujeres en la lucha contra de la violencia de
género. Y por eso una de las paradas importantes del itinerario de la Caravana por
la Paz con Justicia y Dignidad será el Campo Algodonero. Ese sitio es emblemático de
la exigencia de justicia y reparación de los daños para los miles de la víctimas de
feminicidio y de la demanda de medidas efectivas de no repetición.
Es necesario pasar ahora de esa primera justicia, la del consuelo, a la segunda
justicia, que tal vez sea en la que nos reflejemos los más, “la que el Estado mexicano
nos debe a todos”. En este sentido, la desmilitarización del país es un asunto
preponderante. El ejército debe salir de las calles; esa exigencia es la condición para
restablecer el estado de derecho. También debe evitarse la aprobación de la Ley de
Seguridad Nacional que normalizaría el estado de excepción no declarado en que se
encuentra el país. Sin embargo, desmilitarizar México implica también desmontar el
imaginario de guerra que se ha instalado en algunos sectores de la sociedad. Luz
María Dávila tuvo la intuición y el valor de plantarse frente a la maquinaria de
guerra, negándose a aceptar el discurso belicista con el que Felipe Calderón
pretendía reducir a sus hijos a daños colaterales. Ahora Sicilia nos convoca a que nos
organicemos para emprender el largo camino a la justicia. Entre ambos le han
arrebatado la autoridad moral a un presidente y han construido una plataforma
ética para emplazar al Estado. Nos toca sostenerlos y sostenernos. Este encuentro en
Juárez podría ser un poderoso punto de inflexión, cuyo horizonte sea el Final de una
guerra absurda y la la refundación del país.

Willivaldo Delgadillo

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